Poporos

Escrito por: Gabriel Monsalve M. – Director del Museo Aburrá.  

Esta imagen que ya se nos vuelve común porque la hemos visto en monedas, billetes, y promoviendo  eventos internacionales, es de una perfección tal en factura, forma y gracia que fue definitoria para la creación del museo del oro y es hoy un símbolo nacional. Pero  ¿Qué es? ¿Para qué es? ¿Qué significa? Estas y otras preguntas trataremos de responder.

Se trata de un poporo (Ver Galería). Éstos son vasijas o botellas de cuello estrecho de varios materiales y variada apariencia: fitomorfa cuando se inspira en vegétales,  Zoomorfa cuando la tipología es animal antropomorfa si se recurre a la figura humana. que utilizan aún hoy algunos  indígenas para echar polvo alcalino, el cual, extraído  con un palillo humedecido en saliva se lleva a la boca para mezclarlo  con hojas de coca y así extraerles el alcaloide.

   

El Poporo puede ser de material cerámico, metálico, mineral  o vegetal; el más común se obtiene del pericarpio, o cascarón de alguna cucurbitácea a la que se le extrae la pulpa de su  interior, como lo hacen en la actualidad los Arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta. Eran preferidas las formas alargadas porque facilitaban el porte del palillo con que se extraía  el polvo que en él se guardaba.

La evocación de formas orgánicas les inspiró  atributos simbólicos basados en el yin-yang (dualidad).

La clase gobernante quiso tener poporos más elegantes; Entonces apareció la botella con dos cuerpos, uno redondo de calabaza y el otro constituido  por un cuello delgado de oro con forma abocinada y aún cilíndrica adherido  al recipiente  con filamentos de oro; a esta creación se le adicionó un hermoso remate con cuatro esferas y en medio de ellas otra esfera más, u ornamento constituido por el remate del alfiler que podía ser zoomorfo, en espirales, etc.),  además de  un apoyo tronco cónico en filigrana; se llega así a la forma del poporo clásico.

 

También se fabricaron poporos en cerámica, para ofrendas rituales y adorno de santuarios. éstos miden de 60 a 172 cms. de alto.  Además de contenido ritual y  simbólico, a veces se complementa con  otros ornamentos que enriquecen  su semiología como adornar la panza con múltiples senos, recordando la Artemisa de Asia Menor, o descansando sobre la corola de una flor con pétalos en alto relieve, decoración que parece inspirada en el orden jónico griego.

Mucho más adelante se olvida la simbología tradicional y  se recurre a formas  vegetales principalmente en la ahuyama  llamada zapallo de turbante de turco, o turbante de China que  parecen una calabaza naciendo de otra para crear poporos  lobulados, lisos y con acanaladuras cruzadas. Estas formas de poporo desaparecen en el período posclásico y son sustituidos por botellas aplanadas con decoraciones variadas:

    Botellas lisas.   Botellas con decoración antropomorfa.    Estuches con  dos cuerpos iguales ajustables entre sí. Muy apropiado para cargar las hojas de coca aunque el orificio de la parte superior indica que fue utilizado para el mambeo. También los hubo en forma de espiral.     Incluso se adoptó la figura humana o animal.  

  Poporos ¿Quimbayas?  

Hasta hace poco se pensaba que los llamados poporos Quimbayas realmente pertenecían a esta  etnia, pero hay que tener en cuenta que los Quimbayas estaban localizados por los lados del río La Vieja (Cartago y Pereira) y el poporo se ha encontrado a todo lo largo de la cuenca del Rio Cauca, zona que fue habitada por los Catíos.

 
  • Los poporos están asociados a sepulturas de entierros secundarios; es decir, con ceremonias de cremación, como era común entre los Catíos, mientras que los Quimbayas no cremaban al difunto sino que lo envolvían en mantas y lo enterraban bocarriba sobre esteras u hojarasca y en estas sepulturas se encuentran muy pocas ofrendas de oro y en cambio sí muchas representaciones de Buda.
 
  • Los Quimbayas, según los datos de la arqueología, entraron al territorio Colombiano después del año mil d. C., y estaban desplazando a los Catíos que llevaban, por lo menos, dos mil seiscientos años  allí, al momento de la llegada de los conquistadores.
 
  • Los Quimbayas no mambeaban coca, sino que se estregaban los dientes con una fragante piperácea, como lo hacen todavía algunos indígenas del chocó. “se dan por los dientes sin se cansar con unos palotes tiernos…” dice Cieza de León, cronista que vivió entre ellos. Los Catíos en cambio sí eran grandes consumidores de coca.
 
  • Los Quimbayas no eran orfebres, al contrario su presencia en ese territorio coincide con la casi desaparición de la industria del oro.
 
  • Los Catíos no eran los únicos consumidores de coca ya que era una costumbre muy extendida en América pero los poporos metálicos y sobre todo los poporos de esferas sí eran muy típicos de ellos.
 
  • Es cierto que se han encontrado poporos de esferas en la zona Tahamí pero aquellos estaban asociados a cerámica Catía que era decorada a pincel sobre engobe mientras que los Quimbayas decoraron al negativo.
   

Divinidades Catías

 

El mambeo es considerado un rito sagrado de comunicación con la divinidad, y el poporo es un símbolo de ese Dios, que según ellos no era trino sino dual, como para los católicos el triángulo es un símbolo de la trinidad. La parte más abultada del poporo o vientre  representaría el elemento femenino, la Pacha mama y el cuello es el elemento masculino.

El poporo es, en otras palabras el  yin y el yang. Equilibrio cósmico de los opuestos, sol vs  tierra, dador vs receptáculo, Luz vs oscuridad, día vs noche, plasma vs líquido  (agua). La extracción de la cal por medio del alfiler, representa el momento en que se une el cielo con la tierra para dar vida a todo lo creado.

Los Mixtecas y luego los Aztecas elaboraron un ideograma complejo cuyo signo “temblores” sirve de marco a cuatro figuras que representan creaciones sucesivas con base en los cuatro elementos constitutivos del cosmos de que hablan los jonios: tierra, aire, fuego y agua y en medio de ellos un rostro rubio significando la quinta creación. Muchos poporos en forma humana o de ánfora tienen el remate pentaesférico o tetraesférico además de un elemento central.

De forma análoga, arqueólogos de Katmandú y Birmania han hallado en sus zonas ídolos con las mismas esferas en la corona. El número cuatro también está asociado a los puntos cardinales. El centro de la tapa tetraesférica está ocupado por una quinta esfera, que viene a ser el remate del alfiler, simbolizando el quinto sol o quinta creación y con frecuencia es reemplazada por un ave asociada a los elementos masculinos aire y fuego o un símbolo equivalente, en oposición a los elementos femeninos agua y tierra representados por la serpiente. El escudo de México que muestra un águila luchando contra una serpiente,  es un símbolo azteca de la lucha entre los dos opuestos, y en medio del lago de Texcoco pudieron hallar ese equilibrio que les permitía estar  a salvo de sus enemigos.   En el actual escudo de armas de la nación Mexicana podemos apreciar como se hace alusión al mito del lago y al mismo tiempo a la divinidad Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, dando así una importancia de primer orden a sus raíces ancestrales y un ejemplo de orgullo por su identidad autoctona.      Bibliografía SALDARRIAGA, Ricardo. El Paisa y sus Orígenes. Lo que no se ha dicho del descubrimiento, Susaeta Ediciones S.A., Medellín, 2011.
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